>VIVIR CON VIRUS. Martha Dillan

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VIVIR CON VIRUS.
Martha Dillan

   Que abra la boca y se caigan las palabras, que todas sean te amo
Que los ojos tengan siempre un horizonte donde descansar.
Y que más allá haya historias para jugar a ser creadora, y que todas se quemen al atardecer y que sus cenizas se hagan estrellas en la noche para que los niños y las niñas las cuenten en la cama.
Que cuando diga gracias nadie escuche la forma cortés de recibir algo, sino la alegría que me da hacer posible lo que sea y todo mi amor envuelto como un caramelo en una palabra.
Que dar sea tan fácil como eso.
Que la historia empiece todos los días.
Que siga llorando frente al diario, sin avergonzarme por ese ánimo de bolero, esa forma de sentir tan honda, a veces con un dejo de dramatismo por saber que cada instante es el único y que no me puedo olvidar que no puedo retener ninguno.
Que la memoria me sirva como pista de lanzamiento para tomar carrera hacia esa seguidilla de presentes que de pronto se parecen a lo que soñé para el futuro.
Que mi deseo me siga haciendo trampas.
Que de tanto en tanto, abandone el control de mis sentimientos y los deje empacharse a su gusto.
Que después no me persiga la culpa.
Que me anime siempre a patear el tablero.
Que siga temblando de incertidumbre frente a la computadora.
Que suene el teléfono y yo pueda responder a su llamado, que nos encontremos porque todas las líneas alguna vez se cruzan.
Que quede siempre una puerta por golpear, y que la puerta se abra y que antes de entrar miremos nuestros pies para pisar limpios un nuevo territorio.
Que nos toque.
Que el dolor tenga consuelo.
Que no se pueda matar impunemente.
Que dejemos de sangrar por los costados más flacos.
Que tenga tiempo de ver como la primera vez a la gente que amo.
Que no tenga miedo de salir de noche.
Que alguna vez me anime a levantar a alguien en la ruta y no piense que me va a robar.
Que intente mejor un romance fugaz para mi fantasía, aunque no le pregunte más que su nombre.
Que se cumplan tus deseos.
Que el tiempo corra a la medida de nuestros pasos.
Que te amen.
Que tengas un pecho calentito donde descansar y que las penas de amor alumbren las mejores canciones.
Que tengamos utopías como las embarazadas enhebran nombres y los descartan.
Que haya cura para cada una de nuestras enfermedades.
Que tengamos la voluntad de curarnos, la voluntad de vivir, de levantarnos todos los días, de renunciar a algunas cosas, de concedernos otras.
Que abra la boca y se me caigan las palabras, que todas sean te amo.
Que seamos felices.
Y que nos demos cuenta.
 

enviado por victoria bonet

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Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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