>Historia del pueblo Albiguense (Los Cataros)

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por Arturo Magoya  
M. Mart�n y M. Pérez junto a la muralla de Carcassonne (Francia). Los Zerrigüeltaires a lo canto d´a muralla de Carcassona (Oczitania).
Vista actual de la muralla de Carcassonne (Francia)
 

La historia del pueblo cátaro es parte de la historia de los pueblos y de los hombres y mujeres discriminados por pensar diferente a los grupos de poder. Es una historia que se encuentra en las raíces de la sociedad medieval, en el momento crucial, donde el cambio y la ideología del cristianismo buscaron imponer el más puro orden controlado por el papado romano.


El barbarismo de los obispos romanos se muestra cuando el 16 de marzo de 1244, doscientos cataros fueron enviados a las hogueras de Mont segur por blasfemos. A pesar de semejante condena, hombres y mujeres cantaron durante el camino a su muerte.  Ellos elevaban en sus voces la gloria de Dios.


Profundizando el tema de los Cataros, puede decirse que se trataba de un pueblo pacífico y sencillo, todos veían la fe cristiana desde otra perspectiva. “Ecce qua” parte de su historia.

Los Cataros llegaron de las inmensidades del Mediterráneo, como aparecieron las civilizaciones mediterráneas, del mismo modo como todas las influencias de la época, influencias venidas desde Bizancio y de Tierra Santa. Los cataros se instalaron en las tierras del Languedoc (Occitania). De este modo a quedado registrado que en el siglo XII la llegada de unos monjes de la mediterránea oriental, cambiaría el transcurso tranquilo del pueblo albigense, (naturales del pueblo de Albi) tierra de trovadores.


El día 10 de marzo de 1204 el Papa Inocencio III escribió una carta al rey de Francia:

“(…) Te corresponde a ti expulsar al Conde de Toulouse de la tierra que ocupa y quitársela de las manos….para dársela a unos buenos católicos que puedan, bajo tu feliz dominación, servir fielmente al Señor” (…).


Residía en el Sur de Francia, un hombre que en aquellos tiempos poseía mucho poder, este hombre luchó contra los cataros, se llamaba Pèire o Pierre de Castelnau y acompañado por su fiel compañero Arnau Almaric, quien fue por esos tiempos abad de Cîteaux. Se organizaron y Lucharon para acabar con la herejía implantada por seres extraños en aquellos lugares y principalmente se enfrentaron ante los prelados de Languedoc que favorecían a los cataros, del mismo modo como el Obispo de Besièrs, como el Obispo de Vivièrs y también el Arzobispo Berenguer II de Narbonne, quienes discutieron y pugnaron duramente en contra de los embajadores del Papa.


A finales del año 1207, Pierre de Castelnau, luego de divulgar por esos años en la búsqueda de fuerzas que lo ayudaran a llevar a cabo sus proyectos, consiguió reunir lo que por aquella época se denominaba, una liga de barones del Sur de Francia para unirse a esta cruzada santa, en contra de los cataros. El Conde de Toulouse al enterarse de los planes guerreros, puso remedio de inmediato y en un contra ataque en la que convocó a miles de cataros meridionales y con la ayuda de sus vasallos, enfrentó a ese poderoso enemigo, enarbolando en sus estandartes, el título de rey Pedro II de Aragón.


Luego de haber sido derrotado Pierre de Castelnau murió asesinado, después de un fuerte enfrentamiento con el Conde de Tolosa (Toulouse) Raymond VI, el día 14 de enero de 1208 en Beaucaire.


El día 10 de marzo de 1208, el Papa Inocencio III convoca con un llamado de suma urgencia a todos los príncipes, nobles y hombres gentiles con el santo propósito de unirlos en armas, para llevar a cabo una nueva y sangrienta cruzada, con la finalidad de defender unos pueblos cristianos sublevados en el sur de Francia. Estaba de hecho establecido que esta fuerza sería dirigida por el Conde Simón de Montfort.


En el otro bando, el Conde Raymond VI de Toulouse, familiar de los reyes de Francia, Inglaterra y Aragón; declarado nuevo enemigo de la cristiandad por defender y gobernar los destinos de los cataros manda llamar a todos sus aliados para defender con justicia sus territorios ante el papado. El conde toloso gobernaba unas tierras que fueron declaradas por el Papa Inocencio III, tierras de la herejía, por haberse instalado unos pueblos herejes y en la cual estos barones se sentían libres ya que la Iglesia actuaba cada vez menos y con menor fuerza.

El 22 julio  de 1209, día de Santa Magdalena, un día que se hizo tristemente famoso por la frase lapidaria de Arnaut Amaury, legado papal de la cruzada, “Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”. En esa fecha, en la localidad de Béziers murieron cerca de 30.000 personas, fue una matanza terrible donde, ni los mayores, niños ni mujeres se salvaron de las armas y del furor salvaje de las fuerzas del Papa Inocencio III. Frente a tanta devastación de muerte, con tantos cuerpos humanos en el campo, y a pesar del cuadro de horror, Raimond Roger Trencavel, ordenó la reorganización a sus vasallos y los condujo dentro de la fortaleza para defender la vida de quienes quedaban en pie. En agosto de 1209, la ciudad cayó en manos de Montfort. La ciudad de Carcassonne se rindió luego de soportar 15 días de asedio por falta de agua, y a causa de que Raimond Roger Trencavel fue apresado durante la negociación con los cruzados, faltando a todas las reglas de la caballerosidad.

Según las crónicas, los herejes fueron asesinados en nombre de la “verdadera Fe de Cristo”, incluidas las personas que se habían refugiado en la catedral.

En este momento del relato, cabe por así decirlo; Una reflexión profunda sobre el significado del catarismo para la Iglesia Católica, que fue capaz, no solo de consentir, sino de instigar semejante masacre de seres humanos.

LAS CREENCIAS y FILOSOFIA CATARA


La aparición de la herejía era muy común durante la época medieval. Del mismo modo que en el mediterráneo era de uso común las guerras entre herejes y la Iglesia católica. También era la época de las cruzadas, aún cuando ya declinaba el concepto y la aplicación que le diera origen. De todos modos el fervor por servir a la Iglesia y luchar en contra el mal, poniendo todo el fuego, de todos modos luego, a pesar de los crímenes cometidos, podían ser perdonados por la eternidad, especialmente aquellos capaces de acabar con los sublevados. Con estos actos criminales, mantenían la fe de unos hombres cristianos con afán de seguir los pasos de Cristo.

En la concepción de los cataros, los sacramentos manifestados por la iglesia católica, estaban cuestionados y desde ese punto de vista, expresaban sus interpretaciones. Luego estaba su oposición a la jerarquía eclesiástica de la Iglesia, apoyados en el pensamiento de Cristo de haber otorgado por igual a todos sus apóstoles un lugar sin afán de poder ni riquezas. Cuestionaban los métodos del bautismo, de la eucaristía, la virginidad de María, la conversión del pan y del vino, en cuerpo y sangre de Cristo. Aceptaban la idea de la reencarnación, entonces muchos cataros adoptaron una dieta baja en carnes llegando a rozar el vegetarianismo. Acusaban a la iglesia católica de ser la “Iglesia del Mal”, demostrando a cada momento, con decisiones arbitrarias, con su opulencia, actuando como señores feudales, amantes de lo material y de las riquezas.

Para demostrarlo, los cataros se apartaron de todo lo material, se invistieron de un aura de pureza, rechazando cualquier bien, no aceptando ninguna posesión, ninguna propiedad imponiéndose reglas muy estrictas.

Esta filosofía socio-religiosa no fue del agrado de la Iglesia Católica, porque cuestionaba el enorme poder que había adquirido desde la caída de Roma, utilizando el llamado “PODER TEMPORAL”, en este plano de ideas la iglesia no estaba dispuesta a perder su enorme cuota de poder, por tal motivo volvió a  remarcarlos nuevamente de herejes.


El pensamiento o filosofía cátara, divergente y chocante con el mundo cristiano de la época, plantearon una nueva forma de fe cristiana. “Katharos”, esta palabra de origen griego que significa “puros” o “bons homs” en lengua del Languedoc, madre del catalán actual y de las diferentes variantes lingüísticas de la misma lengua.


Hacia 1250 se escribió un documento- uno de los pocos habidos- que fue cuestionado ante el papado, “El Libre des dos principis” (El libro de los dos principios)


CARCASONA: EL HOGAR DE LOS CATAROS


Carcasona, tierra de los Trencavel -señores feudales- tuvo un papel muy relevante durante la historia de los cataros del Languedoc. A casi dos horas de Cataluña por carretera, se encuentra la ciudad medieval mejor conservada de las actuales existentes en Europa.

El pueblo albigense se resistió a la cruzada organizada por el Papa Inocencio III en el año 1208. Miles de hogueras invadieron la ciudad, inmediatamente después de la invasión, cada día había sentencias de brujería y quema de infieles. La Iglesia montó en la ciudad uno de los mayores tribunales de la Inquisición. Tal como se manifestó anteriormente, Raymond Rouger Trencavel puso fuerte resistencia ante el Conde de Montfort, soldado de la banda papal y acompañado de miles de cruzados. La ciudad cayó en manos de Montfort, rindiéndose después de quince días de asedio, el día 15 de agosto de 1209, los historiadores acuerdan, por documentos encontrados, que hacia un calor terrible. Igual al infierno que los cruzados desataron bajo el sol.


Pedro II de Aragón que operaba en favor de los cataros, intentó negociar con Montfort pero el esfuerzo no le brindó ningún resultado a favor. Siguiendo con la oposición de Trencavel, quien falleció el día 10 de noviembre de 1209. Su hijo Raymond volvería años más tarde para rescatar Carcassona de los Capetos y devolverle su fe en el caterismo y en el esplendor que vivió la ciudad antes de 1208. Una vez derrotado el hijo de Trencavel, en 1224, se retiró y se tomó muchos años antes de regresar en 1240 a reconquistar los terrenos que anteriormente fueron cátaras como Montolieu.


Los reyes Capetos (franceses) no le permitieron mucho espacio de movilidad, fortificando y reforzando las defensas de las ciudades y villas importantes del Languedoc. Por matrimonio y por herencia, los Condes del Rossellón, de Carcasonne y señoríos de Languedoc y fronterizos con Cataluña, pasaron a ser parte de la Dinastía real de los Condes-Reyes de Aragón y Barcelona, también antiguos aliados de los Cataros. A Carlomagno y a sus descendientes, la unificación de estos territorios a los de Aragón no les agradaron nada. Se intentó casar a las hijas de los reyes de Aragón y Francia, para poder recuperar los derechos dinásticos sobre el sur de Francia.

Siguiendo los rastros de la historia la unión con el pueblo catalán y con el aragonés, el pueblo de los antiguos cataros han seguido con mucha simpatía a los aliados que ayudaron la tentativa de ser cataros, en un mundo donde solo había lugar para una sola ideología religiosa, donde mandaba el Papa. Eran los tiempos exclusivos para el cristianismo.


ALGUNAS NOTAS FINALES


Quiero dejar bien claras algunas cosas. Este artículo es solo un episodio y un reflejo apenas de un hecho histórico del pueblo Albigense. Tal vez un reflejo de los motivos que llevaron a su destrucción. La historia del pueblo Albigense es de una riqueza inigualable en el tiempo, por cuanto al modo como construyeron una sociedad, que en nuestro tiempo, sería la envidia de cualquier sociedad, que se titule culta y humanitaria


M. Pérez en la entrada al castillo condal del siglo XII de Carcassonne (Francia). Migalánchel Pérez chunto en l\'entrador d´o castiello contal d´o sieglo XII de Carcassona (Oczitania)

La entrada al castillo condal del siglo XII de Carcassonne (Francia).


Una vez explicado esto me gustaría comentar sobre el catarismo hoy, es decir, existe o puede existir algún tipo de movimiento relacionado con esta creencia, no lo sabemos, hay que investigarlo. Porque el catarismo, concebido como el movimiento religioso que fue perseguido en Occitania durante los siglos XII, XIII y principios del XIV, fue destruido como iglesia, como pensamiento religioso, pero no se debe olvidar que los cataros no eran un grupo aislado del mundo. En el concilio cátaro de San Félix, estuvo presente el Pope Bogomilo de Bulgaria para bendecir la nueva estructura de la iglesia cátara del Languedoc, los cátaros se sentían plenamente identificados con el bogomilismo, y esta filosofía todavía está viva en algunos lugares de Europa. El catarismo contaba con miles de fieles y seguidores en Occitania y durante las persecuciones muchos de ellos escaparon y se refugiaron en otros lugares, como la Corona de Aragón, el Piamonte italiano, donde todavía hoy, en algunos pueblos, se habla un dialecto del antiguo Oc, algunos fingieron una conversión para salvar la vida y continuar divulgando su filosofía.


El catarismo era y es, una creencia totalmente contraria a cualquier tipo de violencia, y aquí vale aclarar un punto muy importante. Los “soldados” que  lucharon contra los cruzados no eran los cataros. Fueron los dueños de las tierras los que enfrentaron a las tropas invasoras porque se vieron invadidos, y la invasión deviene solamente por haber sido tolerantes con aquellas buenas personas, que vivían entre ellos en paz y armonía.


Los cataros sufrieron el martirio, igual que los primeros cristianos, sin oponer resistencia. Del mismo modo igual que los primeros cristianos, se dirigieron cantando hacia la muerte. Eran humildes, no construyeron templos, solo se congregaban en las casas, recorrían los caminos para predicar, vivían de su trabajo, realizaban prédicas, le hablaban a la gente en su propio lenguaje, querían recuperar el verdadero mensaje de Jesús y los primeros cristianos, este fue su pecado para la iglesia católica.


El catarismo, como iglesia, fue destruido, como tantas otras iglesias y religiones a lo largo de la historia, pero los “bons-homes” y “bones-dones”, (es decir, los buenos hombres y las buenas mujeres), han existido siempre y así será siempre, antes, ahora y en el futuro. Nada ni nadie puede impedir que se vuelvan a juntar, que vuelvan a manifestar su fe y sus creencias, que vuelvan a recorrer los caminos, incluso los nuevos y que intenten hacer de este mundo, un sitio mejor. Ojala así sea.

Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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