>Meditación para todos

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Cada vez más personas recurren a técnicas de respiración y concentración para lograr un equilibrio emocional. En La Plata, decenas de personas se juntan todas las semanas para relajarse y poder oír su respiración ¿Una nueva forma de psicoterapia? ¿Una moda que gana adeptos en todo el mundo? 

Están sentados, con los ojos semicerrados y sumergidos en el ritmo de su respiración. ¿En qué piensan? Cada uno atraviesa una silenciosa experiencia. Cada uno es el guía de su propia relajación y hacedor de sus sentimientos e ideas más celadas. Están ahí, reflexivos y fuera de ahí. Respiran. Meditan, y su ejercicio, centrado en la conciencia y en la revisión de emociones, se ha convertido en la técnica psicoterapéutica más popular de los últimos años. Si bien la meditación consciente tiene sus orígenes en las enseñanzas del siglo V a.C. del príncipe indio Siddhartha Gautama, más tarde conocido como Buda, en la actualidad son cada vez más las personas que recurren a su postura y sus principios para lograr algo no muchas veces fácil de lograr: el equilibrio.

Según muchos especialistas, quienes sostienen que el arribo de las técnicas para aprender a respirar y meditar es una señal de apertura cultural, la meditación consciente y el aprendizaje de una respiración más profunda puede ayudar, a diferencia de la psicoterapia tradicional, en un nivel al que las palabras no pueden llegar.

“El aire, como los cuatro elementos básicos de la naturaleza, contienen también un aspecto espiritual que es el que le aporta conciencia a cada elemento -sostiene el instructor en Antropología Gnóstica Jorge Sonmariva-. Esta conciencia contenida en el aire, en oriente, se le llama Prana y con la finalidad de poder cristalizar dentro nuestro esta energía de altísima vibración, es que se desarrolla la técnica del Pranayama, que contribuye, entre otras cosas, a relajar la mente, volverla pasiva para las impresiones externas y activa para el espíritu”.

Jorge, junto con Mariana Villa Abrille, es uno de los instructores que todas las semanas coordinan en La Plata encuentros para meditar y aprender a respirar, una práctica que es seguida en nuestra ciudad por decenas de personas, desde estudiantes o amas de acasa hasta profesionales. “La verdadera finalidad del arte de meditar -apunta Sonmariva- no es ni poner la mente en blanco ni meditar en algo específico; el verdadero objetivo es religarnos como esencias o semillas de almas con nuestro verdadero origen: el espíritu. Para esto es necesario ir limpiando todos aquellos temores que generarán deseos, y a su vez estos deseos, que buscan anular los temores, quedan atrapados en la materia y se expresan de diversos modos llamados egos, pecados o agregados psicológicos como el orgullo, la ira, la envidia o los celos”.

EN LOS ULTIMOS AÑOS

La meditación llegó a la psicoterapia desde la medicina universitaria. En los años setenta, es bueno recordar, un graduado de biología molecular, Jon Kabat-Zinn, adaptó una versión de las prácticas de meditación que podía aprenderse y estudiarse fácilmente. En la meditación trascendental, aprendió, los practicantes intentan trascender o “perderse” a sí mismos. El objetivo de la meditación consciente es otro: impulsar la conciencia de cada sensación tal como se desarrolla en el instante.

Una vez aprendido esto, Kabat-Zinn le enseñó su práctica a personas que sufrían dolor crónico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts. En la década del ochenta, más afianzado en el terreno de la relajación espiritual, publicó una serie de estudios que mostraban que un curso de dos horas por semana, durante ocho semanas, reducía el dolor crónico con más eficacia que el tratamiento convencional.

Fue así que se corrió la voz y muchos investigadores decidieron adoptar la meditación de un modo discreto, acaso porque no quisieron ser tomados como excéntricos New Age. Marsha Linehan, por caso, una psicóloga de la Universidad de Washington que trataba a pacientes muy problemáticos con historiales de suicidio, fue una de las pioneras y llegó a declarar: “Las terapias conductistas sólo los empeoraban. Con los problemas realmente graves, se necesita otra cosa, algo que permita a las personas tolerar estas emociones tan fuertes”.

En los noventa, la doctora Linehan publicó estudios que probaban que una terapia que incorporaba la conciencia del budismo zen disminuía notoriamente el riesgo de hospitalización y suicidio en pacientes de alto riesgo. En 2000, un grupo de investigadores del Consejo de Investigaciones Médicas de Inglaterra publicó un estudio que demostró que ocho sesiones semanales de meditación consciente disminuían a la mitad las recaídas en personas con tres o más episodios de depresión.

APRENDIENDO A MEDITAR

La meditación puede ser fácil de explicar pero no simple de lograr: hay que sentarse en una posición cómoda, con los ojos cerrados, preferentemente con la espalda derecha y sin respaldo. Al relajarse, se explica, uno debe tomar nota de sus sensaciones, estados de ánimo y sonidos. Debe reparar en ellos pero sin juzgarlos, dejando que su mente se aquiete al ritmo de su respiración. Hay que oir la respiración. Hay que estar adentro de ella.

“Meditar es un verbo activo que sólo se puede conocer cuando se practica -resume Sonmariva-. Es la manera de afrontar la vida de instante en instante, es ser cristiano y budista a la vez, musulmán e hindú, espiritual y científico. La meditación es la síntesis de los extremos, quien la toma como forma de vida consigue eliminar las mencionadas fuentes de su descontento y comienza a descubrir en forma clara el verdadero sentido de la existencia: la regeneración del alma”.

No son pocos los científicos que aseguran que los estudios sobre la meditación consciente están aún en pañales. Un amplio trabajo publicado hace unos años halló que las investigaciones son todavía muy preliminares como para sacar conclusiones. La pregunta, según muchos estudiosos en el tema, es si la meditación a la que recurren cada vez más personas se convertirá en una técnica terapéutica valiosa y masiva o si terminará siendo una moda pasajera o acaso un cliché de autoayuda.

Tanto para Sonmariva como para Villa Abrille, la experiencia como instructores de varios grupos de meditación les ha permitido observar “que las personas que están interesadas en esta práctica son personas `rebeldes’ ante la mecanicidad que hoy se impone en las distintas edades. Esa rebeldía proviene de no encontrar en la vida común todas las respuestas, es decir pasar por la vida sin que la vida pase por uno, y nos lleva a buscarle a la vida su aspecto más elevado, que se halla cuando ambos aspectos, el material y el espiritual, se equilibran. Y poco a poco se va descubriendo que no sólo las leyes físicas influyen en nuestras vidas, sino que también hay leyes espirituales que al ignorarlas nos juegan en contra y nos hacen juzgar la vida como injusta y nos impide tomar las verdaderas riendas de nuestra existencia”. 

http://www.eldia.com.ar/edis/20100711/revistadomingo0.htm

Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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