>Paradojas y violencia: Documento sobre el Bicentenario

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PARADOJAS Y VIOLENCIA: UNA MIRADA SOBRE EL BICENTENARIO

¿Por qué evocar 1810 motiva tantas reflexiones? Porque es una fecha inscripta en nuestro imaginario social con una fuerte carga simbólica que nos convoca a pensarnos como Nación.
Nación, entendida como construcción social e histórica que realizamos los pueblos. Nación concebida como un proyecto histórico colectivo que se ha ido configurando a lo largo de estos 200 años. Esto es lo que hoy cumple años y esto es lo que evocamos.
En este itinerario imaginario hacia el pasado se nos presentan algunas voces, algunas imágenes, que guardamos celosamente en nuestra memoria individual y colectiva. Y así 1810 nos actualiza el pensamiento del brillante jacobino de la Primera Junta, el Dr. Mariano Moreno, quien -inspirado en el filósofo político Juan Jacobo Rousseau- pretendió plasmar desde la nada, un régimen republicano y un orden social que materializara los ideales de libertad y de igualdad. Basta con releer los artículos de la célebre Gazeta de Buenos Aires, fundada el 7 de junio -no casualmente instituido como día del periodista- para comprobar que muchos de los ideales de MAYO siguen siendo hoy, promesas incumplidas.
La primera estación en este metafórico viaje es el Centenario. Nunca más cierto aquello que “el pasado vive en las disputas del presente y en las preguntas que desde éste le hacemos”. Algunas voces destacan de 1910 aspectos sombríos, que, por supuesto, existieron. Sin embargo, conceptualizar ese momento histórico solamente como un hito de la exclusión de las grandes masas, es acentuar sólo una parte de aquella compleja realidad. Por eso, omitir los logros que tuvo nuestro país en ese Centenario es, cuanto menos,  parcial. Por cierto, es cuestionable el modelo económico adoptado que implicó la ejecución de una política represiva del Estado en relación con los pueblos originarios, con el objetivo de incorporar, “a sangre y fuego”, enormes superficies a la producción agropecuaria y rentista. Se instala la violencia y el exterminio como forma única de fundar un modelo de paísnuestro primer genocidio como naciónSe generó una injusta distribución de la riqueza, la sociedad reflejaba un fuerte contraste entre un sector social, la oligarquía terrateniente, cuya riqueza y ostentación asombraba hasta los ilustres visitantes extranjeros, y los sectores obreros y populares que protagonizaron en la primera década del siglo XX, las primeras huelgas generales. En efecto, en aquellos años este nuevo “actor social” reclamaba su ciudadanía política y social frente a un régimen restrictivo que los excluía.
 Sin embargo y paradojalmente, desde el seno de esos grupos dirigentes se fue imponiendo una línea reformista que produjo hacia 1912, la ley electoral Sáenz Peña que marcaría el inicio de un largo proceso de democratizació n del régimen político. En el contexto histórico de la época, nuestro país comenzaba a experimentar los cambios que también caracterizaban a los países más desarrollados de entonces. Cabe recordar que la práctica de la nueva ley electoral posibilitó el acceso al gobierno de un nuevo partido político, la Unión Cívica Radical, en 1916.
En igual sentido, la sanción de la ley 1420 en 1884, durante la primera presidencia de Roca, que establecía la enseñanza obligatoria, gratuita y laica, permitió -como lo refleja el tercer censo nacional de 1914– reducir significativamente el analfabetismo en la Argentina en 30 años. En efecto, mientras en 1869,  año del Primer Censo Nacional, había un 77,4% de analfabetos mayores de 14 años en todo el país y un 48% en la ciudad de Buenos Aires, en 1914 estos guarismos se habían reducido al 36% y al 21 % respectivamente, es decir, se habían reducido en más de un 50%.
Por otro lado, hacia el Centenario se destacan los avances logrados en materia de salud públicadesde aquel dramático año de 1871 cuando una epidemia de fiebre amarilla sesgó la vida de 14.000 personas en la ciudad de Buenos Aires. En esos 40 años, se construyó una infraestructura sanitaria que incluía desde aguas corrientes, cloacas y cementerios hasta maternidades, instituciones como la Liga Argentina contra la Tuberculosis (1901) y hospitales especializados en enfermedades infecciosas como el Tornú (1905). En el ámbito universitario, se renovaron los contenidos de la enseñanza de la medicina, y se inició la pediatría social en la Argentina de  la mano del Dr. Emilio Coni.
Otro aspecto que no puede omitirse es la transformació n que experimentó la ciudad de Buenos Aires. Sería imposible enumerar el asombroso programa de construcciones públicas y privadas llevadas a cabo. Espacios verdes que hoy disfrutamos como el Parque 3 de febrero creado por iniciativa de Sarmiento(1874) , el Jardín Zoológico y el  Botánico (1898) constituyen testimonios de aquella etapa histórica que culminó en el Centenario. La avenida de Mayo (1894) y joyas arquitectónicas, como el Palacio de aguas corrientes (1894), el Palacio del Congreso Nacional (1906), y el Teatro Colón (1908) nos hablan de una ciudad que aspiraba a convertirse en la París de América del Sud.
Finalmente esta mirada en torno a 1910 destaca el clima de esperanza y optimismo que prevalecía -a juzgar por la mayoría de las publicaciones de la época- hacia el futuro de la Argentina, al tiempo que silenciaba aquella matanza.
Desde 1930, se inició una matriz de inestabilidad institucional crónica, tornándose el régimen político progresivamente menos respetuoso de los derechos individuales que se consagraron en la Constitución de 1853 y de una concepción republicana del gobierno. No obstante, las transformaciones operadas entre el Centenario y 1955 parecían concretar un destino de una sociedad integrada, con un avance destacado en la democratizació n política y social. Por mencionar sólo algunos hitos: la Reforma Universitaria de 1918 y el acceso de la clase obrera y de los sectores populares a la ciudadanía social durante el primer peronismo. De esta forma, se consolidó el mayor grado de distribución igualitaria de la riqueza en la Argentina, como lo reconocen todos los historiadores. La paradoja argentina radica, sin embargo, en el hecho de que a medida que la estructura social se integraba y cohesionaba aún más (teniendo los niveles de distribución del ingreso más igualitarios de América Latina, tal vez solo equiparables al  del Uruguay), se inició un proceso donde el sistema político se tornó más inestable, la mayoría de los actores económicos y sociales (además del “factor militar”) descreyeron, cada uno a su manera y de un modo diacrónico, de la capacidad de la democracia liberal, a través de elecciones limpias y competitivas y de partidos políticos institucionalizados , de administrar las demandas y tensiones sociales que son características de cualquier sociedad moderna.
Desde el golpe de 1955, se inició un paulatino deterioro en todos los planos de la realidad social, de la vida institucional, en un clima de creciente violencia política, de desnacionalizació n de la economía y deterioro de las condiciones laborales. Este cuadro se aceleró a partir de los 70 con la experiencia de la última y más sangrienta dictadura militar, con sus secuelas de muerte y destrucción del aparato productivo y del entramado social, efectivamente se trató de un nuevo genocidio. Reflexionar seriamente porque fue posible éste genocidio en la Argentina es materia pendiente de todos los argentinos. Luego Malvinas …..
De esta manera, llegamos a la segunda estación de nuestro viaje…hoy nuestro presente es preocupante. Llevamos más de un cuarto de siglo en democracia, lo cual debe ser contabilizado como un gran logro frente a las interrupciones institucionales sufridas desde 1930 hasta 1983. Cabe destacar también el avance importantísimo en el campo de los derechos humanos. Como argentinos debemos enorgullecernos del Juicio a las Juntas,  sin precedentes internacionales.
Sin embargo, el funcionamiento de nuestro régimen político denota importantes fallas como observamos a diario, aquejado por una corrupción estructural que corroe a las instituciones y que vacía de contenido a la propia de democracia.
De haber sido hacia 1950 -durante “el primer peronismo”- la sociedad con mayor grado de integración social de América Latina, hoy tenemos un Estado desmantelado en sus recursos energéticos…-recordem os que los primeros piquetes en las rutas comenzaron en Plaza Huincul y en Tartagal, producto de la privatización de Y.P.F- y desmantelado en sus servicios y transporte…basta con recorrer el interior de nuestro país para ver el ocaso de pequeños pueblos condenados al aislamiento por el cierre de los ferrocarriles.
Hoy tenemos una sociedad profundamente fragmentada con fuertes índices de marginalidad, de pobreza extrema, con un sistema educativo que dejó de ser un instrumento de integración social, con un sistema de salud, servicios sanitarios y de transporte absolutamente deteriorados… y, para completar este panorama, la difusión de la droga en todos los estratos sociales que incrementa tanto la exclusión como la inseguridad, que hoy aqueja a millones de argentinos, y la aparición de nuevas formas de violencia para las cuales no tenemos respuesta.
  Es necesario que seamos cada vez más conscientes de nuestra realidad, no para abonar el nihilismo y el escepticismo sino para planteárnosla como un  DESAFÍO para transformarla. Y esa transformació n debe surgir desde el seno de la sociedad. Sin un esfuerzo y compromiso colectivo de todos y cada uno de nosotros no lo lograremos. No basta con criticar a nuestra clase política, mirémonos para corregir valores y prácticas ciudadanas, comenzando por revalorizar la cultura del trabajo, del estudio y el valor de la HONESTIDAD, de la VERDAD y de la JUSTICIA en nuestra vida pública y privada.
En el marco de la actual crisis económica internacional, es imprescindible construir un proyecto de país que conjugue tanto el desarrollo económico, el respeto por los derechos, libertades y garantías individuales, con una decidida política de redistribució n del ingreso y fortalecimiento de la red de protección social del Estado que integre nuevamente a todos los excluidos del sistema. Que contribuya a la creación de un nuevo orden internacional, una “nueva globalización” , sin hambre, sin excluidos, con justicia, con fraternidad y libertad, para transitar el camino de la construcción de una cultura de paz en el mundo…hacia el Tricentenario.

MOVIMIENTO POR LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA / DE MUJERES, JOVENES Y HOMBRES

Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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