>En las dos últimas décadas Asma: menos fatal, pero con peor calidad de vida

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Aunque las terapias redujeron la mortalidad, su incumplimiento aún sigue siendo muy alto

Aunque los especialistas en el tratamiento de las enfermedades respiratorias crónicas coinciden en que las terapias disponibles garantizan que los asmáticos tengan una vida normal, admiten también que la mayoría no sigue las indicaciones que le mejorarían la calidad de vida.

Y eso no es poco, ya que unos cuatro millones de argentinos conviven con esta enfermedad inflamatoria que obstruye los bronquios. Sibilancias, tos, falta de aire son los principales síntomas asmáticos.
“El asma es realmente un problema de salud pública; lo es cualquier enfermedad que afecte al 10% de la población de un país. A pesar de eso, no existe un programa nacional que se ocupe de este problema”, dijo ayer el doctor Ricardo del Olmo, jefe del Laboratorio Pulmonar del Hospital de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer, en una conferencia de prensa sobre el impacto del asma de difícil control.
Allí se abrirá la primera unidad de diagnóstico y tratamiento de asma de difícil control (cuando el mejor tratamiento en la dosis más alta no da resultado).
Paradoja
En las últimas dos décadas, la mortalidad por asma descendió hasta un 60% (un 30% en la población asmática general y un 60% entre los de 5 y 35 años). Ocurre por el desarrollo de tratamientos, un avance que aún no se traduce en el buen control de la enfermedad. Así lo revela una encuesta a especialistas que realizó la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (Aaaeic).
“Hay menos muertes, pero con peor calidad de vida”, opinó el doctor Martín Bózzola, presidente ejecutivo de la Aaaeic.
La encuesta se presentó en otra conferencia de prensa, como anticipo del Día Mundial del Asma. Respondieron 359 médicos de 20 provincias. Sólo el 9% pudo decir que más del 75% de sus pacientes cumplen correctamente las indicaciones terapéuticas todos los días.
¿Por qué es tan baja esa adhesión? El 51% de los médicos dijo que el argumento es que, como no tienen síntomas, los pacientes suspenden el tratamiento. “Esta paradoja se da porque los pacientes tratados pueden controlar la enfermedad, pero esa efectividad terapéutica genera incumplimiento -dijo el doctor Hugo Ghiani, presidente electo de la Aaaeic-. Y es muy raro que un médico omita decir que se tiene que seguir con el tratamiento aunque se sienta bien”.
Fabiola Czubaj 

Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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