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Novelas policiales desde Córdoba

Guillermo Orsi y su vida de escritor rural

Novelas policiales desde CórdobaEn Villa del Dique lo conocen como el Flaco; en Europa gana premios
VILLA DEL DIQUE (Córdoba).- En esta localidad del valle de Calamuchita, de 3500 habitantes, vive el escritor Guillermo Orsi, al que en la villa se lo llama simplemente el Flaco o el Escritor. Pese a las indicaciones, incluido un mapa dibujado por un vecino, es una aventura ubicar su casa, en una zona de caminos de tierra que se bifurcan obstinadamente en las estribaciones de un cerro. El intento, que tras una hora de búsqueda y de idas y venidas resulta exitoso, está impulsado por el hecho de que Orsi, de 63 años, hace tiempo está considerado uno de los máximos referentes de la novela policial negra argentina. En 2007, su novela Nadie ama a un policíaobtuvo el prestigioso Premio Internacional de Novela Negra de Carmona, Sevilla, con 12.000 euros.
La obra fue traducida al alemán, francés e inglés. Esta última versión, No one loves a policeman, publicada por la editorial londinense Quercus-MacLehose, fue seleccionada para sumarla al lote de 100 escritores argentinos cuyas obras se exhibirán en la Feria del Libro de Fráncfort, en octubre próximo.

Invisibilidad

Los numerosos intentos de entrevistar a Orsi no fueron fáciles en los últimos 15 años, cuando en 1995 puso más de 700 kilómetros de distancia con Buenos Aires. Esta invisibilidad instala cierto parecido con la actitud de J. D. Salinger, escritor estadounidense que se recluyó durante muchos años y murió en enero último. Aunque Orsi se ríe de la comparación. “Mucho más lejos que de la urbe estoy de la celebridad de Salinger y de sus motivos. En mi caso, no abandoné la escritura, ni pienso hacerlo. Porque me sigue siendo imprescindible y porque Dios atiende en Buenos Aires, pero el hampa -parte de mi materia prima- lo hace en todo el país, y también en naciones vecinas”, dice.
Su humor aparece con frecuencia en el diálogo. “Estaría perdido sin él”, confirma. Cuenta que en la Capital, donde nació, pudo subsistir merced a varios trabajos, entre ellos los de redactor publicitario y visitador médico, y después encaró, junto con su mujer, Estela, la decisión de mudarse a la villa cordobesa. “Ella heredó aquí una casa y me propuso el cambio. No lo pensé mucho. Estaba cansado de la gran ciudad. Pero, además, yo albergaba la siniestra idea de vivir de los ingresos de mi mujer, que es odontóloga. Así que seguí la estela de Estela.” Más serio, agrega: “En realidad, mis ingresos provienen de un trabajo extra: aunque suene extraño, colaboro con una revista de economía del Instituto Ejecutivo de Finanzas”.
Orsi confiesa que ya no lee novelas policiales, tras haber recorrido la obra de grandes maestros como Chandler, Hammet y Ellroy, o de cultores locales como Soriano, Piglia o Sasturain. “Los norteamericanos me gustaban, pero ya no me interesa ese tipo de literatura”, añade.
Su pasión por el género se originó, curiosamente, en lo que él mismo considera una confusión. Al comienzo escribía novelas psicológicas, hasta que una de ellas, Sueños de perro, fue rotulada en España como policial, y en ese carácter ganó el Premio Umbriel destinado a obras del género, por lo que fue invitado a la tradicional Semana Negra de Gijón, que se celebra hace 23 años. “Intenté aclarar las cosas, pero fue inútil y terminé aceptando la caracterización. Al poco tiempo descubrí que era realmente lo que quería hacer. La novela policial permite reflejar las alternativas críticas de una sociedad y de la política de un país, e interpretarlas con otra mirada. Pero no me atrae la truculencia, común en autores de sociedades aún más violentas que la nuestra, por ejemplo, las de México o Colombia.”
La producción literaria de Orsi se completa con El vagón de los locos (Premio Emecé 1977-78); Cuerpo de mujer (1983); Tripulantes de un viejo bolero (1994); Noches de Pelayo (Premio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED, de España; Buscadores de oro (2007), y Ciudad Santa (2009). En estos días está trabajando en un nuevo thriller, y ya tiene el título: Segunda vida.
Hay tres profesiones que pueden llevar el aditamento de rurales: las que desarrolla un cura, un médico o un maestro. Ahora, con Guillermo Orsi, se puede agregar la cuarta, la de escritor rural.
Willy G. Bouillon 

Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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