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Reflexiones sobre el amor


  Somos carne, mente y espíritu. Nuestra carne vale muy poco, cuando morimos se convierte en ceniza. Nuestro espíritu es un pedacito de Dios que nos dió vida. Cuando morimos en la carne, nuestro espíritu vuelve a su origen: Dios.

             Es así, un poco humanos, un poco divinos que El nos ha creado, pero libres: nuestra mente puede negarlo.

             Sucede que negando nuestro espíritu perdemos la fuerza del amor, porque Dios es amor: entonces dejamos de querernos a nosotros mismos, a los demás y a Dios mismo.

              Solo dos mandatos tenemos del Creador: amarlo por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Claro que nada podemos amar si primero no nos queremos a nosotros mismos, templos sagrados de un pedacito de Dios.

              No es nada difícil: basta con comenzar cada día abrazados al Creador, entonces el cansancio es lento, la sonrisa facil, el amor fluye sin cesar sin hacer absolutamente nada, El está en mi, siento su fuerza, soy lo más importante para El sobre la tierra… igual que vos.

Reflexiones de Susana

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Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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