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La playa, sus habitantes y la historia, según pasan los años

Verano en La Feliz en 1948. De la ciudad aristocrática al balneario masivo y popular.

El mar, las huellas de la ciudad material, la sociedad del ocio, la sociabilidad, el trabajo y la política son los ejes en torno a los cuales gira Un mar de memoria (Edhasa), un maravilloso libro propuesto por un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata. A través de fotografías y diversos testimonios es posible descubrir la historia del balneario más conocido del país.
La base del libro es la existencia de un archivo oral fruto de más de diez años de investigaciones sobre Mar del Plata. “Los materiales seleccionados operan como nudos de recuerdos que recobran un orden alrededor de ciertos contenidos”, explica Elisa Pastoriza, directora de la publicación.
“Los archivos —advierte— son territorios de la memoria sobre los que se expresan las mismas tensiones y polémicas que escinden las diversas interpretaciones sobre el pasado”. Y eso puede verse en el libro. Al recorrer las fotografías es imposible no detenerse en la antigua rambla con todo su glamour de balneario de principios del siglo pasado, o en el esplendor del Hotel Bristol, demolido para dar paso a torres de departamentos. Esa tensión entre una Mar del Plata aristocrática y otra popular se percibe en todo el libro. También el mundo del trabajo y la política.
Pastoriza explica que “el proceso de intercambio entre el testimonio narrativo y las fotografías genera su contexto de origen, recreado por ambos sistemas”. Así se genera “una red de sentidos fragmentados y discontinuos que testimonian distintos puntos de vistas sobre el pasado”. Y son esos puntos de vista los que invitan al lector a buscar en su propia memoria.

Vacaciones para recordar

¿Vamos a la playa? “En la Bristol, además de los bañeros, estaban las casillas de baños, que eran de madera y las sogas, que eran un peligro. ¡Pero en fin! Eran unos hierros enterrados pero firmes, que sobresalían del agua y había una cuerda que se introducía en una especie de aro donde pasaba la soga. Entonces, la gente se bañaba agarrada de la soga, para que la corriente y la ola, cuando eran fuertes, no la arrastrara”.
M aría Inés P. (2002).
Demolición. “Recuerdo que me dijeron: «Bueno José, encárguese de demoler el Hotel Bristol». Era una belleza, y me tocó demolerlo. Mi vieja me decía: «¡Pero José, estás demoliendo historia!»… «¡Y qué querés que le haga vieja!», le dije. «Los lanceros que me habré bailado ahí», decía ella.
El gran salón del Bristol tenía siete cabriadas así, apoyadas sobre una viga maestra que soportaba las siete. Y entonces hice evacuar toda la obra, que no quedara nadie, le hice atar a esta cabriada un cabo y un camión que la tiraba de la calle Buenos Aires, tironcitos cortos así
Donde vi que iba a andar bien, le hice seña para que le pegue el tirón. ¡Boom! El hongo de Hiroshima era más chico que el hongo que se formó ahí un poco más… se vino todo y empezó a aflorar el hongo de toda la suciedad de paloma, murciélago, todo, prácticamente toda la obra se vino abajo”.
José P. (2008).
Crimen. “Bustillo a lo mejor podría haber elegido hacer lo mismo más allá. Pero ¿por qué destruye la vieja rambla, no? Hubiese quedado, porque Mar del Plata al haber aumentado, al haberse creado montones de hoteles, eso hubiese podido quedar… es un crimen, ¡era una de las cosas más bellas del mundo! Ahora, evidentemente que Mar del Plata dejó de ser un lugar exclusivo de una determinada clase social, que se abrió y empezó a venir cada vez más gente, con la ruta, todo eso… Pero la capacidad de Mar del Plata daba lugar a una obra así”.
Lucio G. del S. (2006).
Solitarios. “A raíz de una sociedad que hizo mi padre con Pedro Luro, Lasalle —que era el que tenía el casino entonces— el señor Echevarría y Delia del Carril, una tía mía, compraron una cantidad de terrenos desde Playa Grande hacia el golf. Eran manzanas, manzanas sin edificar, con alambrado nomás. Se edificaron nueve chalés y el originario fue el de Pedro Luro que era muy visionario, realmente. La idea de él, que al final no se pudo realizar, era hacer una serie de edificaciones que se habrán empezado por el año 10. La sociedad se disolvió, se tuvo que disolver y quedaron una cantidad de lotes que no se habían edificado, pero con los nueve chalés… Le tocó uno a mi padre y otro le tocó a Delia del Carril que estaba justo enfrente, también a Lasalle, que era el único que podía aguantar…”.
Angel V. del C. (2006).
La avenida. “Mar del Plata era como una obra de él, de mi padre… Los paseos que hacíamos con papá eran para ver las obras que construyeron: hicieron el casino, el Hotel Nogaró, el teatro Opera. Papá me llevaba al teatro Opera. A lo mejor él iba a ver una película dos o tres veces pero por el hecho de ver la construcción. Me decía: «Vení, pasá la mano por acá»… por la silla, las butacas, los apoyabrazos. Cuando él iba a algún lado, por ejemplo al Casino, repetía: «Mirá qué puertas, tocalas». Papá nos llevaba a dar vueltas en auto porque le encantaba Mar del Plata y se paraba en la loma de Colón y me decía: «¡Mirá qué avenida… mirá lo que es Mar del Plata!»”.
Mirka T. (1998).
El casino. “Cuando se abría el casino, era tal la cantidad de gente que se formaba como una barrera de ordenanzas, «los escobitas», para que no entraran. Si se abría a las tres y media, el personal iba a las tres y diez. Empezábamos a preparar la mesa, y en el hall se amontonaban a lo mejor mil personas para entrar. Todos querían conseguir color y eran casi todos cabuleros. Entonces nos poníamos a mirar desde las mesas, porque eran un tropel. Tal es así que se caían a veces, ¡porque eran una empujones terribles! Y nosotros estábamos en la mesa esperando. Decíamos: «Vamos a ver quién llega primero de todos los que largan», ¿no? …. Y corrían, no te vas a creer que iban caminando ligero.
Antonio M. (2007).
El hotel. “Mi papá trabajaba cuando era muy chico en el Hotel Bristol, él ha conocido la opulencia de Mar del Plata, porque acá venía lo más granado de la sociedad argentina. Y a nosotros nos causaba mucha gracia cuando él nos comentaba que entre las cosas estaba el comedor de luto. En aquellos años el luto significaba que había muerto alguien de la familia, ¡pero no se privaban del veraneo! Venían, y venían a parar al Hotel Bristol, pero no comían en el comedor donde estaba toda la gente divertida en ese tipo de actividad social, porque estaban de luto. Entonces, había un comedor aparte (…)”.
Cristina A. (2005).
Popular. “La hotelería siempre fue vital para Mar del Plata y pasó por varias etapas. Estaba la muy lujosa para hospedar a las familias bien porteñas. Luego apareció una más modesta y también más moderna. Recuerdo que en el 38 (…) algo grandioso que se estaba construyendo era el Hotel Provincial, del edificio del casino. Lo estoy viendo a Perón cuando vino al primer Festival de Cine (…). También en esa época se inauguró el Complejo Chapadmalal y llegaron contingentes de escolares y obreros. Luego estuvo la hotelería de los gremios. Los poderosos sindicatos compraron los viejos hoteles ya en decadencia: el Hurlingham, Riviere, Royal, Tourbillon”.
Dario L. (1990).
El 55. “¡No me puedo olvidar nunca del bombardeo del puerto en la revolución del 55!
Me desperté a las 6 de la mañana porque la gente gritaba, el barrio estaba alborotado y se empezó a sentir el ruido de los aviones que pasaban encima. Ya estábamos alterados porque se lo venía comentando. La noche anterior yo estaba jugando a las cartas con mi papá y mi novio en la cocina de la casa y Radio Colonia informaba que si no caía Perón, iban a bombardear el puerto. Nos matábamos de la risa, pero a la mañana siguiente eso sucedió. Empezó a verse el humo y la gente que se iba por la avenida con sus pertenencias, en carros, en bicicletas, con animales. A mí y a mi familia nos fue a buscar mi novio que tenía auto, me acuerdo que yo estaba esperando descalza con un camisón rosa en la esquina de Pringles y Buenos Aires”.
Vilma L. (2009).
Baños de sol. “Había una curiosidad: en donde se bañaba la mujer no se bañaba el hombre. Los baños estaban divididos por sexos. Había sogas que entraban como veinte metros al mar. Después estaban los bañistas que venían con su propio bañero que entraba con ellos al mar y los acompañaba hasta la orilla donde esperaba el carpero que les colocaba la carpa y acompañaba hasta la carpa”.
Orestes C. (1994).

Acerca de Graciela Mariani

Arquitecta Planificadora Urbana y Regional
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